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LA EVOLUCIÓN Y EL GÉNESIS

created Sep 11th 2015, 09:26 by Victor Hugo


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La teoría de la evolución sostiene que los animales y también el hombre proceden unos de otros por sucesiva transformación y selección, evolucionando desde los seres más sencillos a los más complejos. En particular el hombre procedería del mono por evolución. Y se apoya esta teoría, que tiene su origen en Darwin, en los hallazgos de esqueletos de hombres distintos de los actuales con una estructura ósea más robusta que la del hombre actual y un cráneo más achatado, más parecido al del mono.
Con frecuencia se cita esta teoría como teoría demostrada por la ciencia, como verdad indiscutible. Pero, en realidad no pasa de un ejercicio de imaginación, de una hipótesis para tratar de explicar sin recurrir a la acción creadora de Dios (en las primeras versiones de la teoría) la aparición del hombre sobre la Tierra.
Nadie ha logrado hacer proceder un hombre de un mono, ni mucho menos hacer retrotraer a un hombre a través de sus descendientes al mono: y los datos que parece explicar la hipótesis de la evolución pueden encontrar otras explicaciones distintas, otras hipótesis satisfactorias que no tienen nada que ver con la teoría de la evolución:
Dice María Valtorta en el libro ya citado: “Oigo la noticia de que en una caverna han encontrado esqueletos de hombre mono. Me quedo pensativa diciendo: “¿Cómo pueden asegurar tal cosa? Habrá habido hombres brutos. También ahora se dan rostros y cuerpos simiescos. A lo mejor los hombres primitivos tenían un esqueleto distinto al nuestro”.  Y me viene otro pensamiento: “Pero ¿ya pueden diferir en belleza? No me cabe en la cabeza que los primeros hombres siendo más cercanos al ejemplar perfecto que Dios creó, y que ciertamente, era bellísimo además de fortísimo, fuesen más brutos que nosotros”. Y me da que pensar cómo pudo ser que la belleza de la obra creadora más perfecta hubiera llegado a envilecerse tanto, hasta el punto de dar pie a los científicos para negar que el hombre hubiera sido creado hombre por Dios y asegurar que sea el resultado de la evolución del mono.
Me habla Jesús y dice:
“Busca la clave en el capítulo del Génesis. Léelo”. Lo leo y Jesús me pregunta: “¿Lo entiendes?”.
“No, Señor. Lo que entiendo es que los hombres se corrompieron enseguida y nada más. No qué relación puede guardar ese capítulo con el hombre mono”.
Jesús sonríe y me responde:
“No eres la única que no lo entiende, pues no lo entienden los sabios, los científicos, los creyentes ni los ateos. Estame atenta”. Y comienza a recitar. “Y habiendo comenzado los hombres a multiplicarse sobre la tierra y habiendo los hijos de Dios, o hijos de Set, tenido hijas y visto que las hijas de los hombres (hijas de Caín) eran hermosas, se desposaron con las que, entre todas, más les gustaron…Así pues, una vez que los hijos de Dios se unieron con las hijas de los hombres y éstas dieron a luz, de ellas salieron aquellos hombres potentes y famosos durante siglos”. “Esos hombres que por la potencia de su esqueleto llaman la atención de vuestros científicos, los cuales deducen de ahí que el hombre en el comienzo de los tiempos, era más alto y fuerte que no lo sea actualmente y de la estructura de su cráneo deducen que el hombre deriva del mono. Es decir, los consabidos errores de los hombres ante los misterios de la creación.”
Prosigue en el mismo pasaje la voz de Dios en los escritos de María Valtorta: “Aquéllos que ya no eran hijos de Dios, por cuanto con su padre y como él se alejaron de Dios para acoger a Satanás, se abalanzaron a lo ilícito, degradante y bestial, llegando a tener monstruos por hijos e hijas. Son los monstruos que ahora llaman la atención de vuestros científicos induciéndoles a error. Los monstruos que, por el poderío de sus formas, su salvaje belleza y su ardor bestial, frutos de la unión de Caín con los brutos y de los brutísimos hijos de Caín con las fieras, sedujeron a los hijos de Dios, es decir a los descendientes de Set por Enós, Quenan, Mahalalel, Yéred, Hénoc de Yéred no confundir con el Henoc de Caín Matusalén, Lamek y Noé, padre de Sem, Cam y Jafet.” “Fue entonces cuando Dios, para impedir que la rama de los hijos de Dios se corrompiese del todo con la de los hijos de los hombres, mandó el diluvio universal para sofocar bajo el peso de las aguas la libídine de los hombres y para destruir los monstruos engendrados por la lujuria de los sin Dios, insaciables en su sensualidad al hallarse abrasados por el fuego de Satanás.”
“Y el hombre, el hombre actual, desatina con las líneas somáticas y los ángulos cigomáticos. Y, no queriendo admitir un Creador al ser excesivamente soberbio para reconocer el haber sido hecho, admite la descendencia de los brutos para así poder decir: “Nos hemos valido solos evolucionando de animales a hombres”. El hombre se degrada, se autodegrada por no querer humillarse ante Dios. Y desciende. ¡Vaya si desciende!…”
Es decir que los esqueletos que se han encontrado de hombres que la teoría de la evolución llama hombres monos, no son sino RESTOS DE LOS HOMBRES DEGENERADOS QUE PERECIERON CON EL DILUVIO.
La hipótesis de la evolución no sería sino una fábula grata a los oídos de quienes gustan de prescindir de Dios, o no negando la existencia de Dios, quizá para rendir tributo a una seudociencia que creen sin discutir, caen en concebir un Dios al que es difícil crear al hombre de la nada e inmediatamente.
En otra obra de María Valtorta, leemos:
“Uno de los puntos en que vuestra soberbia naufraga en el error y que, más que ningún otro, humilla vuestra soberbia atribuyéndoos un origen que, de no hallaros tan ofuscados por el orgullo, rechazaríais por envilecedor, es el de la teoría darviniana.
Por no admitir a Dios, que con su poder pudo crear el universo de la nada y al hombre del barro ya creado, atribuís vuestra paternidad a un animal.
¿No advertís que os rebajáis puesto que, pensadlo bien, un animal, por perfecto que sea, por seleccionado, mejorado, perfeccionado que se encuentre en su forma e instinto y, si queréis, hasta en su formación mental, siempre será un animal? ¿No os dais cuenta de ello? Ello dice muy mal de vuestro orgullo de seudo-superhombres.
Ahora bien, si no lo advertís, no seré Yo quien malgaste palabras tratando de haceros caer en la cuenta y convenceros de vuestro error. Una cosa tan sólo os voy a preguntar a vosotros que por tan inteligentes os tenéis y que nunca os la habéis demandado. Y si me podéis contestar con hechos, nunca más combatiré esta vuestra envilecedora teoría.
Si el hombre procede del mono, el cual, mediante una evolución progresiva alcanzó a ser hombre ¿cómo nunca, en tantos años como hace que mantenéis esta teoría, jamás habéis conseguido, ni aun con los instrumentos tan perfeccionados y métodos de que disponéis ahora, llegar a hacer de un mono un hombre? Podríais tomar de una pareja de monos inteligentes a sus hijos más inteligentes y después a los hijos inteligentes de éstos y así sucesivamente. De este modo vendríais a contar con muchas generaciones de monos seleccionados, instruidos, tratados con el más paciente, tenaz y sagaz método científico. Pero lo que siempre tendríais sería monos. Y, si acaso llegarais a obtener alguna mutación, sería ésta: que los animales serían físicamente menos fuertes y más viciosos moralmente que los primeros ya que, con todos vuestros métodos e instrumentos, no habríais hecho sino destruir aquella perfección simiesca con que mi Padre, al crearlos, dotó a estos cuadrumanos.
Una nueva pregunta: Si el hombre procede del mono, ¿cómo el hombre, nunca hasta ahora, ni aun con inoculaciones y repugnantes cruces, se ha transformado en mono? Seríais incluso capaces de intentar estas aberraciones si supierais que con ellas habíais de poder confirmar vuestra teoría. Mas no lo hacéis porque sabéis que no lograríais hacer del hombre un mono. Haríais acaso de él un horripilante hijo del hombre, un degenerado, un delincuente tal vez; pero jamás un mono verdadero. No lo intentáis porque de antemano sabéis que no tendríais éxito y que con ello desmerecería vuestra reputación.
Por eso no lo hacéis, no por otra causa. Porque, con tal de mantener una tesis, no sentís vosotros remordimiento ni repugnancia alguna en rebajar al hombre al nivel de los brutos. Sois capaces de esto y de mucho más. Y sois ya vosotros brutos ya que negáis a Dios y matáis el espíritu que os diferencia de los brutos.”
“Vuestra ciencia me causa horror. Envilecéis vuestro entendimiento y sois tan faltos de sentido que ni os dais cuenta de ello. En verdad os digo que muchos salvajes son harto más hombres que vosotros.”
 

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